Corrían finales de los 80. Barcelona era una ciudad moderna, culta, hospitalaria y plural. Aún se veían muchos 600, pero todos queríamos una Fiesta o un Golf, oh, un Golf. Sólo faltaban unos pocos años para las Olimpiadas. Se vivía el ambiente preolímpico. Obras por toda Barcelona. Las Rondas, la Villa Olímpica, el puerto, el Moll de la Fusta. Modernidad, evolución, una ciudad abierta a todos los españoles, a gentes de otras culturas. El pop español, la movida. Gabinete, Loquillo, Los toreros muertos, Alaska, Hombres G pero también recuerdo a Rod Stewart, Bowie o Bruce. ¡¡Qué conciertos!!

También los 80 fueron una década buena para los pericos. Estábamos consolidados en Primera desde la temporada 69-70, pasamos unos 70 exitosos y en los 80 se produjeron dos hechos destacados: la eclosión de una gran hornada de jugadores canteranos o semi-canteranos (llegaron muy jóvenes al Espanyol) y la recordada participación en la UEFA y los años de éxito con Clemente. Fueron los años del “Yo cantera”, de Azkargorta, de la ilusión por ser el equipo de la gente joven, de casa. El Gol Sur era una fiesta cada jornada y el Estadio presentaba buenas entradas en los partidos señalados. Pero, ¡ay!, al final de la década una serie de decisiones y circunstancias adversas nos llevaron al desastre.

Para mí, si lo analizamos, existe un claro paralelismo con la situación actual. Época de muchos canteranos, temporada de éxito con acceso a la UEFA, participación en Europa, venta de los mejores jugadores, devaluación de la plantilla, baile de entrenadores y descenso. Recordemos que la temporada 86-87 habíamos quedado terceros en la liga y la 87-88 fue la exitosa en la UEFA. Pues bien, empezamos la 88-89 sin Soler, Valverde, Losada, Job, Miguel Ángel, Zúñiga y Lauridsen, todos ellos titulares el año anterior. Clemente había purgado el equipo y había dejado uno a su medida. Para suplirles llegaron jugadores que no acabaron de dar la talla. Estábamos jugando a la ruleta rusa. Estuvimos clasificados entre los cuatro últimos desde la jornada 10 y tuvimos cuatro entrenadores (Clemente, Mauri, Longhi y García de Andoain). Finalmente, el desastre. Clasificados en decimoséptimo lugar de la liga, nos tocó jugar una promoción con el Mallorca, que, como era lógico tras tamaña temporada de despropósitos, nos llevó a Segunda.

Así empezamos la temporada 89-90 en Segunda. Un desastre viniendo de donde veníamos. Con una plantilla devaluada. Habíamos perdido una oportunidad histórica para crecer y el club se sumía en una gran frustración. Además perdemos a N’Kono y Pichi Alonso. Solo hacemos cuatro fichajes (Zalazar, Lema, Albesa y posteriormente el estrambótico fichaje de Archibald, que requiere una historia completa,…). En Segunda nos esperan el Salamanca, Elche, Castilla, Huelva, Burgos, Figueres, At. Madrileño, Sabadell, Racing, Las Palmas, Deportivo, Murcia, Levante, Xerez, Palamós, Sestao River, Betis, Bilbao Ath y Eibar. Para aquel entonces, salvo Betis, Depor y quizás Las Palmas, todos rivales de un nivel muy asequible para nosotros. A pesar de todos los males empezamos la liga optimistas, como siempre. Los pericos somos así. “Nos vamos a pasear”, pensamos. “Nos jugaremos el liderato entre el Betis y nosotros”, nos decíamos unos a otros.

Para empezar, la primera en la frente, en las 9 primeras jornadas 4 derrotas. “¿Pero que es esto?” Mejoramos algo pero con evidentes altibajos y derrotas incomprensibles llegamos a la jornada

28. Está siendo una temporada frustrante, muy por debajo de lo esperado. Sarrià se vacía desesperado por la incapacidad de que el equipo ofrezca satisfacciones. Nos tememos lo peor. Entonces el técnico Benito Joanet es sustituido por Juanjo Diaz. El nuevo entrenador reconduce algo la situación. El optimismo vuelve de nuevo a las gradas. El equipo reacciona y encadena victorias y una racha ascendente. Pero de forma inesperada acabamos la liga desastrosamente, con dos empates (Betis y Sestao River), y dos derrotas en las últimas dos jornadas (Bilbao Ath y Eibar). Desconcertante. No sabemos que pensar. ¿Con que equipo nos quedamos?

Así pues finalizamos la liga quintos, por detrás del Burgos, Betis, Bilbao Ath y Deportivo. Ascendían dos y jugaban la promoción tercero y cuarto con el 17 y 18 clasificados de Primera. A pesar de ser quintos tenemos derecho a jugar la promoción ya que el Bilbao Ath, tercero, no puede ascender a Primera. O sea, salvados de rebote. Con un espíritu un tanto alicaído encaramos los partidos de la promoción. Nuestro rival; el Málaga. En el partido de ida un solitario gol de Gabino, el Letanías. Encarrilábamos la eliminatoria. Cualquier victoria, empate o derrota por la mínima con un gol a favor nos clasificaba para jugar en Primera la temporada siguiente.

Parecía asequible. Pero no, aquel equipo estaba hecho para hacernos sufrir hasta el último minuto.

El 10 de junio de 1990 a las 7 de la tarde se jugaba el partido de vuelta. Nuestra alineación: Meléndez (conocido como recordarán los viejos aficionados como Macario), Eloy, Mendiondo, Luis Martin, Albesa, Maestre, Wuttke, Gay, Zubillaga, Pineda y Archibald. Una alineación de las habituales aquella temporada. Sin Gabino, el jugador más talentoso del equipo junto con Wuttke. La Rosaleda lleno a reventar. 45.000 personas.

Recuerdo perfectamente aquella tarde. Final de curso, acabando la carrera de Medicina, aún en época de exámenes. Quedamos para verlo un grupo de amigos en casa de Jorge, Fernando y Carlos Miquel en la calle Modolell. Amigos del alma del colegio, casi como hermanos y compañeros de fatigas en el Gol Sur de Sarriá. La tensión era indescriptible. Que nervios. Ahora o nunca. Por favor, no podemos pasar otro año en Segunda. Al descanso 0-0. Hay que aguantar. Si marcamos un gol, ya está hecho. Pues no, toca sufrir. Empieza la segunda parte. A los dos minutos gol del Málaga. Golazo de Rivas. No puede ser. Aun teníamos recuerdos vivos del año anterior, cuando perdimos la promoción con el Mallorca. No puedo volver a ver eso.

  • Jorge, me voy.
  • ¿Como que te vas, Antonio?
  • No lo aguanto. Me doy un paseo.

Salí de casa de los Miquel. Bajo por Ganduxer, iglesia Redonda y Turó Park. Que bien se está aquí. Sin futbol, oyendo los pajaritos. Que agradable tarde de junio. Y que tarde anochece. Pasa el rato, sigo paseando. Debe estar acabando el partido. Vuelvo.

  • Venga, Antonio, aún van 0-0, hemos tenido oportunidades. El árbitro, como siempre, fatal.
  • ¡¡Árbitro, culé!! ¡¡Árbitro, culé!! Pero si quedan más de 5 minutos.
  • Venga, Antonio.
  • Bueno, me quedo, pero aún nos marcarán….

Que lento pasa el tiempo. Con la mala suerte que tenemos. Final!! Menos mal. Hay prórroga.

¡¡Que horror!! Media hora más de sufrimiento. Empieza la prórroga. El Málaga ataca. No puedo más.

  • Jorge, me voy.
  • ¿Como? ¿Otra vez?
  • No puedo resistirlo. Me va a dar algo.

Otra vez a la calle. Bajo por Ganduxer de nuevo, cruzo y esta vez giro a la derecha hacia Piscinas y Deportes (ahora Cinesa Diagonal). Tengo que calcular el tiempo. Os recuerdo a los jovencitos que en aquella época no teníamos móviles. Volveré al final de la prórroga. Deben llevar 5 minutos. Que lento pasa el tiempo. Miro al suelo y cuando levanto la mirada veo una cara de angustia, de sufrimiento, desencajada, seguramente como la mía. Lo conozco. De la Tribuna de Sarrià desde hace muchos años.

  • ¡¡Señor Lara!! Que hace aquí, ¿no está viendo el partido?
  • Ay, Antonio. ¡¡No podía más!! Parece que el corazón me iba a estallar y le he dicho a la familia

que me iba de paseo. Se ha venido conmigo mi esposa al verme tan nervioso. Está preocupada. Mira, María Teresa, aquí Antonio, un joven amigo con el que compartimos penurias. A veces nos hemos visto en la Tribuna en Sarrià.

  • Encantado, Sra. Lara.
  • Antonio, vente con nosotros. Nos damos un paseo. Pero eso sí, este rato no hablamos de fútbol.

Y junto a Jose Manuel Lara Hernández y su esposa pasé aquellos inolvidables y angustiosos 25 minutos. Paseando por los alrededores. Intentando hablar de cualquier cosa pero sin poder dejar de pensar en el partido. Cuando calculamos que se acercaba el final del partido nos despedimos y volvimos al sufrimiento, a la realidad, a la pantalla de TV.

  • A ver si tenemos suerte, Antonio.
  • Si. A ver si hemos marcado.
  • No se, Antonio. No lo veo claro. Somos el pupas. ¡¡Anda, un abrazo!!

Volví a casa de los Miquel de nuevo. Está acabando el partido. Sigue 1-0. No puede ser. Otra vez penaltis. Como en Leverkusen. ¡¡Nooo!! Pues eso. Final. A los penaltis. Empieza la tanda. Marca el Málaga. Falla Javier Zubillaga, ha parado Jaro. Ya estamos, igualito que la final de la UEFA. ¡¡Otra vez!! Marca el Málaga. Malditos penaltis. 2-0. Ay, ay, ay. Menos mal. 2-1, gol de Jose Aurelio Gay. A ver si fallan. Este es el tío que ha marcado, Rivas. ¡¡Fuera!! Remontamos. Gol de Xavi Escaich: 2-2. Gol de ellos: 3-2. Tira Andrés y para Jaro de nuevo. Ay, ay, ay. Ellos por delante. Si marcan, palmamos.

  • ¿Quien tira? ¿El portero? Pero esto que es…
  • Ya, ya. Pero ya se ha parado dos él muy….Meléndez ni las ve- Tira Jaro y… ¡¡Fuera!! ¡¡Bien!!

¡¡Donde va con ese tiro!! Menos mal…

Vuelta a empezar. Dos fallos cada equipo. Hay que marcar. No quiero mirar. Que tensión. Wuttke. Este sí, éste aunque la toque el portero, pepinazo y p’adentro. Gooool. 3-3. Abrazos. Hemos remontado dos veces con el marcador en contra. Vamos a ganar. Pero, Jaro dos paradas, ellos dos fuera. Hay que confiar en Meléndez, nuestro Macario. 4-3, 4-4, 5-4, 5-5.

Voy a infartar. Y tan joven. Que pena. Que taquicardia. Que sufrimiento. Decimoquinto penalti. Tira Villa y………. ¡¡para Macario!! Saltos, abrazos, gritos. Ahora si. Falta un gol y a Primera.

  • ¿Quien lo tira?
  • Albesa. Si, Albert Albesa.
  • Bufff. Un central. Va a ir a las nubes.

Silencio. Manos a la cara, los ojos cerrados. No quiero mirar. ¿Se ha parado el tiempo? ¿Que pasa? Tira y gooooool. Abrazos, gritos, a la calle. A celebrarlo. Estamos de nuevo en Primera. Vamos a los coches, bufandas y a Canaletas. Bocinas en cada esquina. Ya estamos de vuelta. Que Barcelona oiga de nuevo la alegría de los pericos. Pero, por Dios, cuanto sufrimiento.

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