A la espera de qué salidas se producen en la plantilla, esta semana hemos conocido la salida de Carlos García Pont. Se ha ido sin hacer ruido, con la discreción que le ha caracterizado. Como vicepresidente del Espanyol es evidente que tiene parte de responsabilidad en la calamitosa temporada que hemos sufrido, eso sí, responsabilidad matizada por la capacidad de decisión real que ha tenido en un club en el que, a pesar de la distancia, el presidente siempre tiene la última palabra.

Haríamos mal en dejar que la indignación que nos invade en estos momentos enturbiase nuestra razón. Y lo digo porque me ha pasado. Son momentos en los que el primer impulso es exclamar: ¡que se vayan todos! Y desear que desaparezcan todos los que han tenido que ver con la vergüenza que nos han hecho vivir. Se puede descender como el Leganés, luchando hasta el último segundo, pero nunca como lo hemos hecho este año. Es tal la indignación, tal el enfado, que uno está tentado de meterlos a todos en un cohete y enviarlos a la luna. Es un primer impulso comprensible, en caliente, sin reflexionar mucho… y es el que también he tenido yo. El problema es que, llevados de la indignación, podemos ser injustos.

Y no deberíamos serlo, especialmente con quienes sienten el Espanyol, quienes lo sentían antes de asumir responsabilidades en el club y lo van a seguir sintiendo ahora que vuelven a ser un perico más. Es el caso de Carlos García Pont.

¿Qué ha cometido errores? Estoy seguro de que él es muy consciente y los conoce mucho mejor que lo poco que podemos entrever quienes no conocemos las interioridades del club. Pero Carlos García Pont era el único perico en un consejo de administración compuesto por personas que serán muy válidas en muchos aspectos, pero que lo desconocen casi todo sobre lo que es y significa el Espanyol. Y se notaba: cuando algunos iban metiendo la pata por ahí, García Pont aportaba un poco de sensatez y sentimiento perico.

Una de las asignaturas pendientes del Espanyol de Chen es tener una voz clara, ante la afición, ante el equipo, ante los medios, ante la sociedad, y no la cacofonía de mensajes, muchas veces contradictorios o simplemente inconexos que recibimos demasiadas veces. Hay que reconocer que Carlos García Pont fue, en momentos complicados, el único que dio la cara. Eso, que podría habérselo ahorrado, le honra.

Quiero también recordar el exquisito posicionamiento en favor de la pluralidad del Espanyol del que García Pont ha sido gran defensor. En momentos en que las presiones han sido muy intensas, ha sabido preservar ese tesoro de nuestro club, en el que conviven pericos con ideologías muy diferentes pero unidos por un sincero amor al Espanyol. A Carlos García Pont no había que explicarle lo vital de mantenerse así, lo sabe desde pequeño y ha sido una suerte que alguien como él haya estado en los órganos de gestión del club en estos tormentosos años.

Carlos García Pont se va también porque su modelo de club no es el que quiere el presidente Chen. En un país en el que no dimite nadie, nos ha dado una última lección: no tiene sentido aferrarse a un puesto en un proyecto que no te convence. Se va como un señor, orgulloso de los aciertos y, estoy seguro, triste por los errores, los cometidos directamente y los que ha visto impotente que se cometían y no podía detener. Y como buen perico, deseando de todo corazón que quienes se quedan acierten y lleven rápidamente al Espanyol de regreso al lugar que le corresponde. Algo que no será fácil, especialmente a tenor del terrorífico final de temporada vivido y de algunas decisiones que se atisban.

La situación es terrible y no estamos de muy buen humor, pero a pesar de todo creo que, si superamos el calentón, hemos de ser justos con Carlos García Pont y agradecerle su dedicación al Espanyol, el haber dado la cara en los momentos difíciles, su aportación para mantener el carácter del club y también tantas cosas que desconocemos, empezando por los malos tragos, que habrán sido muchos. La temporada ha sido nefasta, pero la pasión no debe hacernos caer en la injusticia, especialmente entre pericos.

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