Leo y escucho a algunos opinadores pericos y me vienen a la cabeza de inmediato que hay cosas que nunca cambian a pesar del añito que hemos padecido y que algo debería habernos enseñado.

A raíz de la victoria conseguida contra el Albacete y la buena imagen general del equipo -aunque habría cosas que matizar… y de hecho para eso estamos aquí- ya hay quien habla de estar en Primera en Navidad y de que el ascenso va a ser poco menos que un trámite farragoso.

Porque si hay un rasgo común de los españolistas es que somos -como ven, amables lectores, no me considero ajeno tampoco a ello- capaces de pasar de la euforia desmedida al drama más intenso en un pestañeo.  Y aunque, en general, es éste un rasgo común en todas las aficiones futboleras hay que admitir que a nosotros se nos dan especialmente bien tanto el rol de “hay que quemarlo todo” como el de “esto lo ganamos con la gorra”.

Supongo que debe ser porque los buenos momentos en clave perica son pocos y cuando se producen los disfrutamos con la misma intensidad del primer polvo adolescente… y quizás por eso también, cuando llegan los malos ratos nos sumergimos en ellos con el desgarro de un drama lorquiano.

Además vivir a la sombra del club de colores suizos y su dictablanda nacional-culé nos predispone a   ponernos enseguida intensitos.

Pero teniendo en cuenta que cuando escribo estas líneas llevamos tan sólo un partido de liga y que queda mucho pero mucho pero que muchísimo por jugar valdría la pena contenerse y tomárselo con calma.

Es verdad que el Espanyol es el máximo favorito para el ascenso a su división natural, la Primera. Y que tenemos el mejor estadio de Segunda y el mayor presupuesto de Segunda y probablemente también la mejor estructura deportiva de SegundaY al menos en teoría una de las mejores plantillas también.

Pero nada de eso garantiza ese “paseo militar” que algunos animosos pericos ya anuncian. Va a ocurrir que algún día se perderá un partido. Porque en el fútbol -a veces conviene recordarlo- se gana y se pierde, en algunas ocasiones, incluso contra la lógica. Y cuando eso ocurra, esta tendencia tan nuestra a llamar al Apocalipsis al primer mal partido en casa convertirá en una semana lo que tenía que ser la campaña de Polonia en la debacle de Stalingrado… si me permiten el símil bélico.

Conviene serenidad y no perder la calma.

El equipo pinta bien y parece que Vicente Moreno sabe lo que quiere hacer con él… pero salvo milagro de última hora todo indica que vamos a perder en un par de semanas a piezas importantes -sí, estoy pensando en RdT y espero equivocarme, también en Embarba- y tocará enfrentarse todavía a los que deberían ser nuestros rivales naturales en la lucha por el regreso a Primera, léase Zaragoza, Mallorca, Gerona… quizás también Tenerife o Rayo. Escuadras con más enjundia que el voluntarioso Albacete y que conocen muy bien en sus propias carnes lo difícil que es un ascenso.

Y si es obligado reclamar serenidad a la pericada si esa temporada ideal en Segunda que todos soñamos deviene menos idílica, también es de rigor exigírsela al Consejo de Administración y a la Dirección Deportiva a la hora de defender el patrimonio del club por muy en la Smartbank que estemos.

El aficionado ha sido, en mi opinión, extraordinariamente generoso con los responsables -sean cuales sean las cuotas parte de cada uno de ellos- de la gestión deportiva que nos ha llevado a un descenso vergonzoso. Más allá de las voces de indignación que se escucharon inmediatamente después de consumarse la pérdida de la categoría y que reclamaban cabezas, la afición ha optado por pasar página si así se contribuye a la estabilidad del proyecto, se depura el funcionamiento del club y se vuelve a la Liga Santander en el plazo previsto. Pero una venta que descapitalice deportivamente el club o un decisión tomada únicamente bajo criterios económicos -¿no habíamos quedado que somos los más ricos de Segunda y que no necesitamos el dinero?- volvería a instalar el el estado de cabreo en el ánimo de la pericada.

Y entonces no hablaremos ni de drama ni de comedia.

Dejar un comentario