Se acerca el segundo partido de esta temporada ilusionante. Queremos seguir con la racha iniciada el sábado pasado frente al Albacete. Queremos hacer del RCDE Stadium un fortín. Queremos seguir marcando el paso en Segunda. Queremos mantener el liderato. Nuestro objetivo inmediato: 6 de 6. Y a por el siguiente.

Nos visita el Mallorca. Club histórico de Primera. Junto al Zaragoza y nosotros, quizás el que mejor palmarés tiene de Segunda. Ganador de una Copa del Rey, compitió varias temporadas en Europa y hace unos meses nos acompañó en el amargo descenso. Pero los partidos con el Mallorca acostumbran a ser “algo más que un partido”. Históricamente esta rivalidad ha echado chispas. Descensos en juego, promociones, partidos de infausto recuerdo, incluso plazas europeas en juego. Podríamos escoger varios partidos para ilustrar esta rivalidad, promoción de descenso, la época de Eto’o, partidos muy calientes en Mallorca, pero yo me quedo con el de la temporada 1986-87.

La temporada 1986-87 es conocida como la del “play-off. Por primera y única vez la liga española de fútbol contó con dos fases, como ya es habitual desde hace muchos años en el baloncesto.

Una primera fase de todos contra todos y otra segunda fase de play-off por el título de los seis primeros. La Primera División la componían 18 equipos y ese año finalmente sólo descendió 1 y subieron 3, pasando a jugar la temporada siguiente 20 equipos.

Fue el primer año de Javier Clemente en el Espanyol, que tras su exitosa etapa en el Athletic de Bilbao llegaba con 36 años a nuestro club. La base de aquel equipo la había construido otro vasco ilustre, Javier Azkargorta, con una mezcla de canteranos, jóvenes con proyección y dos estrellas extranjeras (recordemos que en aquella época solo podía haber dos extranjeros por club): John Lauridsen y Tommy N’Kono. Reforzamos el equipo con Pichi Alonso, Valverde, Meléndez y Francis. El equipo tenía una media de edad de 24 años, muy baja para la época, aunque la base llevaba a pesar de su juventud dos o tres años juntos.

Fue una liga fantástica. Nos instalamos a mitad de temporada en la tercera plaza por detrás de Madrid y Barça, y ya no la abandonamos hasta el final. Jugamos el play-off por el título, acabamos nuevamente terceros y nos clasificamos para la UEFA del año siguiente. Aunque aquel equipo se he etiquetado como defensivo, fuimos el segundo equipo más goleador de la liga, con 66 goles en 44 partidos, 3 goles por delante del Barça, y el cuarto menos goleado. Pineda, Pichi Alonso o Valverde delante; Márquez, Lauridsen, Zúñiga u Orejuela en el centro del campo; dos laterales muy ofensivos como Job y Soler; los centrales y centrocampistas de contención como Gallart, Francis, Miguel Ángel, Iñaki o Golobart y la presencia de N’Kono en la portería componían un equipo de garantías. Y esa temporada disfrutamos de verdad. En casa ganamos 16 partidos y solo perdimos uno en la jornada 39, ya en el play-off. Sarrià era un fortín. Contraataques letales, juego por las bandas, solidez defensiva (solo encajamos 46 goles en 44 partidos). Para mí fue una año de juego vistoso, con muchos jugadores jóvenes, con mucha gente de casa, con garra y empuje.

El Mallorca también contaba con un buen equipo. De echo también jugaron el play-off por el título, quedando finalmente en sexto lugar del play-off y décimos por puntos al hundirse los últimos partidos. El entrenador era Vicente Serra Ferrer y el capitán Miguel Ángel Nadal, dos reconocidos barcelonistas. Era un equipo que practicaba buen fútbol pero con un perfil de jugadores duros y correosos, que metían la pierna y lo que hiciera falta en cada balón. Los marroquíes Hassán y Zaki Badou, Trobbiani, el Paquete Higuera, el Tronquito Magdaleno, Chano, Bonet, Orejuela (familiar de nuestros Diego y Jesus), Nadal,.. Si a este elenco de jugadores le añadimos la animadversión que existía entre Javier Clemente y Serra Ferrer, cuitas pendientes y el pique entre aficiones tenemos todos los ingredientes para la tormenta perfecta. Recordemos también que nuestro equipo poseía jugadores con poderío físico, garra y el sello que impregnaba Javier Clemente en sus equipos.

La tarde del 13 de junio de 1987, festividad de San Antonio de Padua, se jugaba el penúltimo partido de la liga y el play-off. Se presenta el Mallorca en Sarrià en plena crisis de resultados y el Espanyol con el tercer lugar casi asegurado. Nuestro equipo, casi el de gala, sale con N’Kono, Job, Miguel Ángel, Gallart, Soler, Iñaki, Orejuela, Zúñiga, Valverde, Pichi Alonso y Pineda.

Después entraron Lauridsen y Golobart. Sarrià con buena entrada. El Gol Sur lleno, una fiesta como casi todos los partidos. Allí disfrutábamos a tope, animando de forma incansable a los nuestros. El Mallorca sale desde el primer minuto a repartir. Patadas a destiempo, empujones, desplantes, provocaciones. Los nuestros, por suerte, resisten y se limitan a jugar. Acaba la primera parte 2-0, con goles de Valverde y Soler (a él se lo dieron aunque su centro-chut parece que lo toca Pineda) y el Mallorca con cuatro tarjetas amarillas y la expulsión de Higuera. En el descanso, en los bajos del Gol Sur, comentamos lo que se está calentando el partido. “Esto va a acabar mal”, nos decimos entre nosotros.

Empieza la segunda parte. Gol de Pineda a los 19 minutos. Y a continuación el Mallorca, superado 3-0, pierde los papeles. En 6 minutos cuatro expulsiones más. Primero Hassan, después Chano, Bonet y Orejuela. El Mallorca a falta de 20 minutos se queda con 6 jugadores. Lo nunca visto. Sarrià primero vibra, después se indigna y ahora está atónito. Gusta ganar pero no así. Al final el público se lo toma a guasa. Después del quinto expulsado el Gol Sur grita: “Otro, otro, otro”, al árbitro. Gol de Golobart. 4-0. Otro gol de Golobart, magnífico con un remate en plancha de cabeza, anulado incomprensiblemente por el árbitro. Los jugadores pericos no se ensañan con el rival, con una muestra de educación y señorío. A falta de seis minutos penalti contra el Mallorca. El campo se desgañita gritando “N’Kono, N’Kono, N’Kono”, pero finalmente lo tira Pichi Alonso, el habitual lanzador, y marca su decimoséptimo gol de la temporada. Hasta el final, tranquilidad. Puede acabar el partido. Balance global del Mallorca: 7 amarillas y 5 rojas. Lo nunca visto.

Después del partido el árbitro, Abilio Caetano Bueno, dijo que los jugadores del Mallorca se habían autoexpulsado. Y no le faltaba razón. Viendo el reportaje del partido las entradas violentas y las protestas de los jugadores son clarísimas. Está claro que se trata de una actitud incomprensible y premeditada. Recuerdo salir del campo charlando con los amigos del Gol Sur con una mezcla de alegría por el resultado y de indignación y bochorno por la actitud de los jugadores del Mallorca. También orgullosos de la actitud de los nuestros.

Rival duro y correoso. Pasión en el campo. Juego brillante de nuestro equipo. Resultado espectacular. 5-0 pocas veces visto. Esperemos que mañana también demos buena cuenta del Mallorca. Pero, por favor, por el bien del deporte, nunca otra vez tamaño esperpento.

Dejar un comentario