Una vergüenza, un desastre, algo inconcebible, un ridículo histórico, falta de actitud, de sentimiento por los colores, insultos y críticas a diestro y siniestro…. Todo este material, y más, hemos usado los pericos para quejarnos y desahogarnos por terminar la temporada en el último puesto de la clasificación por primera vez en nuestra historia y, además, –duele reconocerlo– con todo merecimiento. Pero ya está. Esto nadie lo va a cambiar.

Todavía queda un partido por jugar; pero, desde la mañana siguiente a la noche en la que se consumó el descenso, nuestro deber exige empezar a trabajar para que la penitencia de la segunda división dure el tiempo mínimo y para que recuperemos, en un solo año, el lugar que nos corresponde. Siempre es conveniente pensar en positivo, por mucho que, a veces, parezca difícil poder hacerlo.

Pensar en positivo supone aprovechar las oportunidades que te pasan por delante. Y ahora, en unos momentos tan difíciles como los que estamos pasando todos los pericos, tenemos una que es trascendental.

Sucumbir a la queja y al lamento, desde luego, no nos van a generar ilusión alguna. Ahora corresponde levantarnos de inmediato. Hacer borrón y cuenta nueva y construir un nuevo proyecto que centre sus miras en recuperar de inmediato la categoría –ello es esencial– pero que, al mismo tiempo, vaya mucho más allá. Ahora es el momento –la oportunidad– para hacer reformas en la casa, pero empezando por reforzar bien sus cimientos. Y, sobre ellos, tejer una estructura deportiva sólida, con pies y cabeza, y, sobre todo, que sepa a dónde queremos ir y qué rumbo hemos de seguir para ello, manteniéndolo en lo sucesivo, incluso a contracorriente. Crear la marca «Espanyol», que marque la nueva seña identitaria del Club, para consolidarla en el futuro con vocación de invariabilidad y permanencia, y que deben entender, asumir y seguir fielmente todos los estamentos implicados: jugadores (desde las categorías inferiores), staff técnico, directiva, presidente y afición.

Las referencias del nuevo secretario técnico parecen buenas y eso indica ir en la buena dirección. Ahora, hay que acertar en la elección del nuevo entrenador, que ha de conocer bien la categoría de plata y tener bien claro qué es lo que la misma exige. Y luego, necesitamos aire fresco. Caras nuevas, pero sin volvernos locos. Equilibrio entre juventud y veteranía en una plantilla que ha de caracterizarse por el hambre y el compromiso. Eso, junto a la fidelidad al estilo de juego y a los valores que exija la marca, ha de ser innegociable. Quien no lo tenga, fuera. Sin más. Para ello es necesaria la competencia en todos los puestos y que todos los jugadores sepan que no tienen nada asegurado, y que, si se duermen, detrás habrá otro deseoso de aprovechar a muerte la oportunidad que le llegue.

Es el momento de crear la marca «Espanyol» y de asentarla en el mercado. Quizás sea, paradójicamente, la pérdida de categoría lo que nos ofrezca esta oportunidad. No la desaprovechemos. Pensemos siempre en positivo.

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