Este sábado hemos charlado con Xavi Salvatella, ex director de comunicación y buen amigo de esta casa. Ocupó la dirección comunicativa del club durante ocho años, que no fueron nada sencillos para el club, ahora desde la distancia recuerda con honor aquellos años que sirvió al club de su vida, por el que siente pasión, sólo hay que leerlo.

  • ¿Cuáles son tus primeros recuerdos como perico?

En casa siempre hemos sido pericos. Tengo un difuso recuerdo de la decepción que supuso Leverkussen a mi abuelo Josep y a sus hijos, mi padre y mi tío. Yo tenía solo 5 años. Mis primeros recuerdos más claros me llevan a Sarrià, a nuestros asientos en el anfiteatro de ese templo inolvidable en el que me enamoré del juego de mi primer ídolo, Jordi Lardín, hoy buen amigo mío. Los domingos nos juntábamos toda la familia para comer y al acabar, todavía con el postre a medias, siempre montábamos un coche para bajar a Sarrià desde el Vallès. Luego ya vino la adolescencia, la prueba de fuego, que supere sin ni enterarme porque ya tenía inoculado el sentimiento perico para siempre, algo así como un rasgo más de mi carácter.

  • ¿Cuantos años llevas como socio del Espanyol?

Pues acabo de cumplir 37 años y llevaré unos 35, con una breve pausa en los primeros años de universidad. Mi tío Jacint Ramon, que es mi padrino, como regalo de nacimiento me hizo socio con la promesa de que me pagaría el carné hasta los 18 años. Cumplió. Yo he seguido la tradición y, como padrino de su hijo Jan, mi primo más joven, también estoy cumpliendo y le abonaré el carné hasta su mayoría de edad. Es algo muy bonito ver que la nueva quinta de Salvatellas siguen al pie del cañón en la defensa a ultranza de este sentimiento.

  • ¿Cuál es tu mejor recuerdo como espanyolista?

Ganar la Copa del Rey en Mestalla el año 2000. ¡Qué enorme felicidad! Muchas generaciones de pericos nos convencimos de que sí, de que nuestro Espanyol puede ser un club ganador si lucha unido y hace las cosas bien. Recuerdo que montamos un bus entero con amigos pericos del otro club de mi corazón, el Egara de Terrassa. Fue un día que no olvidaré nunca. Lo viví, como toda la familia perica, con gran intensidad y emoción.

Xavi Salvatella en Mestalla 2000
  • ¿Y el peor?

Otra final, pero que no acabó como merecíamos: Glasgow. Ese año hice muchos desplazamientos en las rondas previas con amigos pero a la final quise ir con mi padre. Si campeonábamos en Europa, quería celebrarlo con él. Los días previos y las horas antes en la ciudad fueron muy especiales, pero esa tanda de penaltis me dejó hecho polvo. Como tantos otros pericos, lloré de rabia. Además, en una reacción que solo pueden entender la gente que es futbolera pegué un puñetazo a una de las columnas de Hampden Park y me lesioné el escafoides. Todavía hoy haciendo deporte me duele, pero pocas cosas en la vida me dolerán más que no haber ganado esa final.

  • ¿Qué significó para ti ser director de comunicación del club?

Ante todo, un gran honor personal por poder servir al club de mi vida desde primera línea ejecutiva. Pero, a su vez, un enorme reto profesional. Sobre todo, porque llegué muy joven. Todavía hoy ningún otro club de Primera ha tenido un dircom de solo 27 años, que es la edad con la que yo me incorporé a la dirección de comunicación del Espanyol. Fueron 8 años realmente difíciles por lo complejo de la situación deportiva y económica en la mayor parte del tiempo, pero lo recordaré siempre como un honor inmenso; seguramente como ningún otro que un perico de cuna puede vivir en su trayectoria profesional.

  • De esa etapa ¿Qué es lo más positivo y lo más negativo?

Lo más difícil de asumir, sobre todo emocionalmente, fue que el club no pudo asumir grandes logros deportivos. No es fácil intentar que todo un departamento de Comunicación saque siempre lo mejor de si mismo cuando la pelotita no entra. Trabajas y te esfuerzas, te dejas la vida en el día a día, pero todo parece en balde si no llegan los resultados. Aunque realmente no fue para nada un esfuerzo baldío porque supimos, entre todos, aficionados, directivos, deportistas y empleados mantener el Espanyol a flote y siempre en la élite a pesar de las dificultades.

Lo más positivo es y será siempre el cariño de nuestra gente. No solo en mi etapa como dircom si no también cuando ejercía de periodista o ahora que participo como analista en medios de comunicación, allá donde me encuentro un perico siempre he percibido su estima. Somos realmente una familia y somos de una pieza; nos pueden separar ideas pero el amor por el Espanyol siempre está por encima de todo. En mi etapa de dircom valoré muy especialmente este hecho, porque no siempre tomas decisiones del agrado de todo el pueblo perico.

  • ¿Crees que volverá la competición?

Como nos pasa a todos, según el día creo que sí o que no. Los intereses económicos mandan como en cualquier sector y esto puede precipitar decisiones que, sin anteponer la salud y tomando graves riesgos, hagan que vuelva la competición. Sea como sea, estoy seguro que el club sabrá actuar en todos los escenarios posibles. De hecho, me consta que estamos preparados para competir pero también para defender nuestros intereses si a alguno de los mandamases del fútbol se le ocurre, por ejemplo, descender a un gran club como el Espanyol con 11 partidos, ¡con 33 puntos!, todavía por disputarse.

  • En caso de que se vuelva a jugar, ¿ves al equipo capacitado para la salvación?

Es obvio que veníamos haciendo un muy mal curso a nivel deportivo. Pero también creo que habíamos conseguido algo positivo en los últimos tiempos: no estar muy lejos de los puestos de permanencia. Además, creo que la propiedad, bien asesorada por Duran y Rufete, facilitó buenas decisiones en un notable y necesario mercado de invierno. Por todo ello, veo el equipo capaz de conseguir la salvación. ¡Claro que sí! Por supuesto, no será una tarea nada fácil, pero incluso con un RCDE Stadium sin público, en una temporada tan rara como esta, confío en que nuestro Espanyol saque el orgullo y confirme que nos movemos como casi nadie viviendo al límite. Al final, eso, saber vivir al límite, es lo que hemos hecho siempre.

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