La temporada que empezamos con la ilusión del regreso a Europa se ha convertido en una lenta y sangrante agonía capaz de sacar de quicio al más estoico de los pericos (¡que ya es decir!). Es lógico que el enfado, la indignación, la rabia alcance niveles estratosféricos entre la afición espanyolista. ¿Qué menos cuando vamos camino de la peor clasificación en nuestros 120 años de historia?

Es tal la vergüenza que uno siente el irreprimible deseo de enviar lo más lejos posible a quienes han tenido parte de responsabilidad en el horror que estamos viviendo. Incluso veo que algunos la toman con Chen, a quien hacen responsable máximo de este desaguisado.
Indignarse está bien, refleja que estamos vivos y que nada de lo que afecta al Espanyol nos es indiferente, pero creo que no deberíamos caer en injusticias que, además, solo pueden dañar al Espanyol.

Aunque vivimos en el mundo de la inmediatez, es necesario volver al momento en que llegó Chen y se hizo con el Espanyol. Estábamos en una situación financiera complicada, por decirlo suavemente, que amenazaba seriamente la viabilidad de nuestro club. Chen nos sacó del atolladero, saneó las cuentas e invirtió mucho dinero para hacer del Espanyol un club competitivo. No debemos olvidarlo nunca: Chen ha jugado un papel primordial para que el Espanyol siga en pie. Creo que se merece nuestro reconocimiento y agradecimiento.

En estas tres temporadas Chen ha dado mucho al Espanyol, pero también ha cometido errores graves. Su desconocimiento del mundo del fútbol, mucho más complejo de lo que parece desde fuera, y en concreto del fútbol español e incluso del propio club del que es propietario le ha hecho tomar decisiones que, estoy seguro, él mismo se da cuenta de que fueron desacertadas. La ruleta de directivos, entrenadores y jugadores en que se ha convertido el club denotan que Chen se ha equivocado en demasiadas ocasiones en las personas en las que ha depositado su confianza para sacar adelante su proyecto.

Está claro, como también lo está que muchos de quienes tenían que liderar este proyecto, nuevamente directivos, entrenadores y jugadores, no han estado a la altura ni de lo que se esperaba de ellos ni de las condiciones económicas de las que han disfrutado. Si hay que buscar responsables empecemos por aquí y no por quien, tras haberse jugado muchos millones ahora se encuentra en Segunda división. Chen se ha equivocado en diversas ocasiones, pero nadie puede dudar de que se encuentra entre las víctimas de la nefasta temporada del Espanyol.

Muchos directivos, entrenadores y jugadores ya han dejado el barco y otros les seguirán, la inmensa mayoría con los bolsillos llenos. Es Chen quien se queda con un club por el que ahora mismo nadie, atendiendo a criterios meramente económicos, querría invertir. Las decisiones que tome Chen ahora, por otro lado, van a ser clave para el único objetivo razonable la temporada que viene: conseguir el primer puesto de la Segunda división.

Espero que estos tres años le hayan hecho entender mucho más sobre cómo funciona el mundo del fútbol, en quién puede confiar y en quién no. Aunque a veces no resulte agradable, escuchar las opiniones de quienes tenemos el corazón roto viendo al equipo de nuestros amores arrastrándose por los terrenos de juego es un ejercicio ineludible para Chen y sus directivos. Para salir de esta tenemos que unirnos todos los pericos en un objetivo común y confiar en que, esta vez sí, quienes han de tomar las decisiones clave acierten.

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